Seudomanifiesto de Marta Mazzilli en la Argentina de 2009
Se desmoronan los códigos de la vida y la muerte. En un rincón inesperado puede escribirse la historia, puede el hombre-otoño llegar a su invierno sin el permiso para mirar sus huellas y despedirse de ellas al final del sendero obligado.
Mi país: un fúnebre atardecer.
Hubo un origen y el olvido de los elegidos transcurrido durante años.
Un programa de TV y los cementerios como foto habitual, una señora rubia por la tarde que lanza al aire predicciones fallidas del futuro.
Siento lejano el calendario, distantes los otros tiempos felices de bonomía social.
Hay vejez en el pensamiento infinito, décadas de pielmadera endurecida.
Me invade una nostalgia colonial, ocre de remembranzas, deseosa de lluvia lenta que luego trasunte en fresco bienestar.
Tengo pocas esperanzas terrenas. Me dibujo abuela corrigiendo actualidades no deseadas.
No. Me opongo a que me nieguen la esencia tradicional de seguir los caminos con rumbo.
Me opongo al no festejo de un viaje de egresados o de una primera comunión, íconos de etapas juveniles e infantiles.
Este ver invernal de diciembre huele a crepúsculo de civilización. Hay que recuperar la telúrica exactitud de los haceres, de lo que recordamos fue posible.
Es diciembre y una postal navideña me dice que vuelve a nacer. Que iluminará. Que marcará una nueva época, el segundo mágico.
Todos huyen constantemente de lo oscuro sin arribar a lo claro, sin imaginar lo que se atesorará como testimonio.
Todo sucede entre momentos de diversión y críticas a los hechos del pasado pero…hay tardes de sol por inventar, tardes de trabajo legítimo, vueltas al hogar-remanso.¿por qué apagar al astro?¿por qué nublar el cielo obstinadamente?
Mañana la luna será miel y paz para algunos ilesos ocasionales. Ancestrales tristezas cubrirán a gran parte de la población.
Me inclino por el proyecto. Me reconozco color no sepia y ansío fluir sin que nadie firme mi vencimiento.
Marta Mazzilli
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