Cuando se detuvo
"De tanto andar me he cansado"-dijo el viejo peregrino, canoso, barbudo y de nariz agudísima, pareciendo
una estatua cenicienta entre las nubes cada vez más grises.
Había salido del monte hacía tres años largos. Con sus lluvias. Con sus lunas y sus soles.Con todas las
sequías y todos los caminos bajo los pies.
Ese andar lento...cansino...no le llamó la atención a nadie. Tampoco la ropa. que por sucia, seca y mojada
en el trayecto, se deshacía poco a poco. Había tanta ropa igual entre la gente de los pueblitos por los que
dejó su imagen!!.
Había tantos hombres sin rumbo! ¿a quién podía importale un caminante más?:
Pero, con inocencia antigua, dijo una tarde: "de tanto andar me he cansado".
Poseía la misma primitiva decisión con la que alguna vez se internó en el monte afiebrado de verdes y
alimañas.
Así como se cansó...se quedó. No sabía en qué lugar estaba, tampoco le interesaba. Se le habían
olvidado las palabras de tanto vivir en silencio.
Y la tarde gris montó en cólera, y los rayos pintaron el cielo de rosa intenso. Y llovió. Llovió tanto que un
árbol tan viejo como él,lo invitó desde su copa. Se guareció, trepando como en aquellos días del monte y
al igual que el primer hombre. Trepó y durmió.
Bebió lluvia, comió hojas tiernas y desmayó en el sopor de tres años de peregrinaje.
Al despertar, el celeste intenso del cielo contrastaba con la pradera...amarilla de trigos...esmeralda de
alfalfa...azul de lino.
Y alguien lo vio.
Por una vez, alguien lo vio.
Quizás, porque no caminaba a la altura del mundo. Quizás, porque ambos se detuvieron. ¡Quién sabe
porqué??!...pero alguien lo descubrió gris entre el abanico de colores que lo enmarcaba.
Lo invitó a pintarse...
...y se murió el silencio.
Marta Mazzilli |