Instrucciones para visitar un museo
( al estilo de Cortázar )
Diré en primera instancia que es importantísimo saber qué museo se irá a visitar, más allá de ubicarlo geográficamente puesto que, de no ser así nadie sabrá indicarle la locación ( la gente, en general, no es asidua concurrente a dichos sitios ).
Digo que estar enterado del tipo de exponente casi siempre estático, es fundamental. No se va con la misma cara, con la misma ropa o con la misma actitud a un Museo regional que a la última instalación de ese artista plástico del que todo el mundo habla ( o parte del mundo ) en el Renault de Barrio Parque.
Si ha elegido una postura mental que le permita salir de uno y entrar a otro, valgan, para una cincuentona docente y jubilada las prevenciones que siguen:
Hay que revisar la cartera y cerciorarse de que el carnet esté ahí, casi por huir, presente. Ese rectángulo plastificado le ahorrará el pago de la entrada aunque desnude edad y condición, en ese momento es conveniente pasarlo con la mano derecha y retocarse el maquillaje o jugar con un objeto, con la izquierda. Ese aire de distracción atenta no sólo facilitará el mal trago sino que asegura el recupere de tan valiosa contraseña ( esta acción se aplica a parques nacionales ).
Ya entró y porta el recorrido aconsejado, en el mejor de los casos se le ofrecerá auriculares que esclavizan y someten al “recorrido aconsejado”. No los acepte. Diga que anda con poco tiempo o que viene a ver una obra en particular y quedará como experto/a y libre de toda libertad.
No estará solo/a, ante cada pieza ubíquese en segundo o tercer lugar, escuchará el comentario del de adelante y las diez mil bromas que se les ocurren a los adolescentes que cubren su espalda y, que están ahí porque el lunes deben presentar un trabajo práctico que les salvará la materia.
No copie mohines, manténgase usted, usted mediocre, usted cuadro en el living de casa, usted no-referente. Usted.
Cuando se halle otra vez en la puerta de calle, munida/do de folletos, ahí sí…¡qué le importa!!pregunte…pregunte, sí, pregunte dónde se toma un buen café.
Marta Mazzilli
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