Yo me arreglo
Hoy está chiquita, pálida. Opaca, a veces.
Tiene casi setenta años y vive sola en el departamentito de atrás. Sabe Dios porqué no eligió el de adelante, que se ve precioso, ladrillo a la vista, rejas nuevas...y portero eléctrico.
Ella quiso el de atrás, “por los perritos-dijo- pongo un portón y no molestan ,que los chicos alquilen el del frente, que van a sacar una buena renta. Yo me arreglo.”
“Yo me arreglo” en el ¨55 cuando nació Eduardo y, a Eduardo padre, lo llevaron preso por peronista los de la Libertadora. Él quería ser diputado, iba como candidato. Los metalúrgicos se fortalecían como gremio y se presentaba un futuro promisorio.
Pero...Celia volvió a coser para afuera mientras Edy crecía en el patio ajazminado de Villa Ballester.
La vida siguió dando vueltas y el país girando enloquecido. Eduardo, héroe ,en casa.
Sin nombrar al General, pero ¡gracias al Santísimo! en la fábrica otra vez.
“Yo me arreglo”, dijo en el 60, cuando, con Edy a cuestas, parió a María Eva del Luján y, el metalúrgico, promulgaba el voto en blanco para demostrar que los proscriptos eran más y que, si bien ese Illía era un buen tipo, el pueblo esperaba otra cosa.
En la casa, Edy brillaba. Leía, escribía, sumaba y restaba como un avanzado.
¿La beba? ¡una delicia!, digna de la aguja que se esmeraba en bordarle a esos rulos y a esos rubores.
“Yo me arreglo”. Cuando el país se puso negro y Eduardo, el grande, ingresó a las filas de Puerta de Hierro, pasara lo que pasara.
Pero... los viajes a la verdadera puerta del viejo mundo, en comitiva con Jorge Antonio y los momentos de la resistencia, la hacían sentir orgullosa y anónimamente importante. Protagonista de la historia que la rozaba sin tocarla.
-Yo me arreglo, Eduardo, ¡tanto luchaste para este día!.
( Se aproximaba el Regreso ).
Mientras tanto, Edy se abanderaba o amedallaba o capacitaba, en cuanto proyecto se le ocurría al padre que funcionara como garantía de futuro. Siempre, en Europa.
María Eva se transformó en Marieves... ¡es que Ballester era historia antigua! y, Celia seguía cosiendo, en secreto, desde el tres ambientes de Palermo.
Y llegó el Maná, o el Esperado, o la Esperanza, o la candidatura, o la “pasada de facturas” de los líderes intermedios, o todo a la vez.
Eduardo, Diputado : de Ballester a Recoleta (“porque uno los ideales los lleva adentro”) y, “no trabajés más, mujer, qué manía”.
El tiempo hizo de Marieves una modelo precoz, a Edy, universitario y licenciado, fuera del país por cualquier circunstancia...y, a Eduardo padre: preso con pocas alternativas de defensa, justo, justo, en el 78.
“Yo me arreglo”, dijo Celia y empezó a embalar la mudanza a Ballester que, por tino o por hija de inmigrantes, ya contaba con un departamento adelante para alquilar.
-y SÍ, doña Carmen, los chicos hacen su vida...y el juez, que me prometió que Eduardo, en dos meses vuelve a casa. La nena queda en La Recoleta, que nunca fue para mí, la verdad.
Cuando viaje el mayor, con todo lo que sabe, va a conseguir un buen puesto, porque a Eduardo, hay gente que lo quiere mucho, todavía.
Eduardo, el grande, salió en dos meses pero con rubio destino treintañero y rumbo a La Recoleta ( los principios, siempre en el alma ).
Lo de Edy, también resultó acertado, se ubicó en un puestazo a comienzos de los 80 que lo mandó a Estados Unidos de un envión, porque:”en este país no se puede vivir”.
¿Marieves?...en la tele. “Si no aparecés en los medios no existís”.
-Son buenos los inquilinos de adelante, mire, si me quejo es de llena.
Hasta les coso la ropita a los nenes y todo.
-Eduardo senador!!!!, ¡¿¿qué me cuenta, doña Celia??!!.
-...que así es la vida , doña Carmen, ¡ya va a pagar ese ingrato!
Yo, acá, me arreglo.
Marta Mazzilli
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