Desde el jardín...de infantes
En un rincón, chiquita, agazapada, con las piernas en montaña y sudando frío.
Rubia, pequeña, sólo veo la puntera de los pesados zapatos Guillermina marrones, y me hago un bollito.
Ocupo todo el ángulo del zócalo, lejos...lejos de mí hay niños que , sentados a sus mesas hacen algo de lo que no participo.
Tengo infinitas ganas de ir al baño pero resisto, resisto, me comprimo con las piernas en montañita y resisto.
La Reverenda Hermana Superiora se acerca , quiere que me levante, insiste y no resultan convincentes sus palabras. Resisto.
Tengo cuatro años y estoy en ese lugar porque a mi abuela le parece difícil cuidar de mi hermanito bebé y de mí...soy inquieta, le doy trabajo, dice...y a mamá la nombraron maestra en un pueblo al que se llega con el tren y del que regresa, tarde pero feliz y con grandes ramos de aromo y retama. Resisto.
No hace mucho...durante los días que pasaron, me hicieron practicar el paso por un caminito en altura y me probaron un camisón de franela con volados y flores. Yo abrazaba un osito y en la otra mano debía sostener una vela de noche. Le conté a mi mamá y no sé que pasó pero no fui a esa fiesta o desfile, no sé porqué la Reverenda Hermana Superiora no le escribió una carta a mi mamá para que me creyera ...para que me llevara a vestirme de nena rubia que se prepara para dormir con la velita de noche y el osito.
Caen gotas sobre mi frente. Cada vez que me enojo o que estoy triste aprieto la cola y resisto. Después mamá me lleva al doctor que vive en Buenos Aires y tomamos el tranvía, y me compra caramelos ácidos...de los que me gustan.
Desde el pedazo de piso que ocupo escucho a la hermanita que no sé como se llama pero que no es la Reverenda Madre y ante la que no tengo que agacharme cuando saludo, que comenta lo preocupada que está por esa nena rubia que no se acostumbra...que no se acostumbra...que tiene días muy buenos... pero ¡que hace cada cosa!...
Cada cosa!!!...debe ser porque la tarde en que salió el sol después de la lluvia me entretuve escuchando como cantaban las chicas grandes del coro en el parque que está detrás de la capilla y la “bañadera” se fue, y cuando llegó a mi casa yo no viajaba y tuvieron que volver a buscarme porque a mi abuela le agarró un disgusto. El chofer me subió al colectivo-bañadera-blanco casi vacío porque ya habían dejado a las otras nenas grandes en sus casas de Temperley y descubrió que yo no había subido, en Lomas, que es donde vivo. El chofer se enojó conmigo y me dijo -rubia, ¿dónde te quedaste?, mirá en que lío me metiste, nunca te vayas de la fila, rubia...ya vas a ver cuando llegues a tu casa , la abuela está furiosa conmigo y con vos.
Debe ser por eso que la hermanita dice ¡que hace cada cosa!.
La hermanita es blanca, tiene la voz suave. Ella arma mi carpeta de trabajos...la que nunca toqué. Papá, cada vez que viene de visita tía Nélida, la de Liniers, le muestra con orgullo lo que hace su nena y yo miro...porque eso no lo hice yo, es trabajo de la hermanita blanca que pliega papel glasé, que pinta sin que se salga del dibujo, que corta figuritas y no se mancha con goma de pegar porque carga poco el pincel, yo miro porque es nuevo para mí y bajo la frente para que me den un beso de felicitaciones en el flequillo rubio, y me hagan upa un ratito...yo miro.
Resisto.
Por momentos creo que me voy a hacer encima, pero me pongo dura y resisto.
Desde que hablo, papá me hace decir palabras raras como otorrinolaringología, y se divierte porque parece que siempre hablé muy bien y nunca tuve media .lengua. Ahora, cada día en la bañadera , las chicas grandes que practican para maestras me enseñan un poco a leer y a escribir.
Les divierte y cuando llegó el frío ya sabía escribir con la letra enorme pero que se entendía y ahora que no hace tanto frío aprendí a leer. Paso de upa en upa por los asientos del colectivo durante el recorrido que da muchas vueltas y me deja en Lomas a las seis y media de la tarde, que cuando no sabía leer, era de noche.
Papá me dicta palabras y yo las escribo, la otra tarde me pidió que escribiera “alcohol” y mamá , desde la cocina lo retó -no seas chiquilín, mirá lo que le pedís a una nena de cuatro años, pero él me contó cómo se escribía y ahora también sé poner en el papel “kerosene”.
Resisto. Estoy muy enojada porque no le avisaron a mi mamá lo del desfile con el camisón y la velita... porque nunca vamos a las fiestas de la patria porque “las del Jardín de Infantes se cansan”. Si bailáramos como las de primaria que ensayan cerca de nuestra sala...si cantáramos como las grandes...pero , no, tengo ganas de contarle a la Reverenda Madre Superiora ( me encanta decir la Reverenda Madre Superiora, y en casa hago la genuflexión sosteniéndome la pollerita del uniforme...y papá se muere de risa),que con mi abuela voy a las Procesiones de la Virgen del Carmen...y no me canso , voy los sábados al cementerio, y no me canso...voy al doctor a Buenos Aires y lo único que me pasa es que me da ganas de vomitar el viaje en el tranvía...pero no me canso.
Acaba de sonar la campana de las nenas de primaria...es hora de ir a casa, me parece que me voy a levantar del rincón porque nadie está mirando y porque se me fueron las ganas.
-Hasta mañana niñas....
-Hasta mañana Reverenda Madre Superiora.
-Que Dios las bendiga
-Gracias rev......madr....super....
-Cuiden a la rubia...¡qué es una ardilla!...-les grita el chofer a las grandes...y me aprietan la mano porque ya creen que son maestras, y me hacen subir de un salto al interior del colectivo blanco y creo que ya no estoy enojada porque me van a hacer decir una poesía que el otro día aprendí con mi mamá, que se canta y se baila, y se van a reir...y me van a cambiar el peinado... y llegaré a mi casa a upa porque hay una, que vive en Banfield.
octubre de 1956
Marta Mazzilli
¡¡¡¡¡Por suerte llegó Piaget a las vidas docentes y a los "educandos"!!!!
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