Emma baila un vals de siesta
Tararán,
tararán,
tararán lalalaira.....
Y, frente a la luna del antiguo ropero de la casa viejísima de los abuelos, justo, justo al costado de la cuna, Emma baila, mirándose.
Mejilla a mejilla con abi, su abuela de pelo largo y camisón celeste.
Ella aprieta el pulgar de uña larga con sus cinco dedos cortitos...y danza una danza monótona, que sólo cambia cuando comienza, nuevamente, el tarará.
Tararán, tararán.... y un movimiento ondulante que sube y baja su carita del centro de la escena.
Tararán lalalaira... y se agacha , y ríe, y ríe sin despegar la mejilla redonda de la alargada cara de abi.
Calla el vals. Dejaron de moverse las cuatro gatas, que, sobre su cuna y a cuerda, ofician de organito y calesita.
-Esperá Emma, unas vueltas y seguimos...
Emma pide con los brazos y con las piernas que comience la música...que se repita el rito del ballet inventado.
Y otra vez.
Infinitas veces: tararán,
tararán,
tararán lalalaira...
Emma vuelve a dejarse llevar por los pies descalzos de su abuela y se ilumina la sonrisa en el espejo de la casa.
Cae la tarde y el son se torna en siesta.
El espejo la aguarda.
El espejo se aburre cuando Emma no lo visita.
Marta Mazzilli
mayo de 2006
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