Emma y el color rojo
A Emma la han sentado frente al televisor.
Pasa el abuelo y le hace morisquetas...-tata, no me molestes-piensa- y...¡qué clarito es tu abrigo!.
Emma protesta moviéndose hacia los costados...el abuelo entiende y sigue su camino.
Está quieta, atenta, inmóvil mirando la pantalla.
Pasa Estani, su tío y le hace morisquetas...Estani, ¡fuera!-piensa- y qué oscuro es su buzo!!.
Agacha la cabeza como buscándose los pies, Estani entiende y sigue su camino.
Otra vez vuelve al televisor...no le importa nada más...se le fue el hambre ...se chupa el dedo y mira fijo al perro gigante y rojo que hace travesuras y ayuda, a veces, a su pequeña dueña. A Emma no le interesa qué cosa hace el perro, ella quiere su color de fresa, lo quiere ahora, lo quiere ya, lo quiere en casa, lo quiere en el jardín y en la ropa . Emma adora el color de las fresas.
El abuelo tiene que salir de la casa y se cambia la ropa clarita por una camisa roja...Emma lo mira y le sonríe...él cree que es por las morisquetas.
El tío tiene que partir para jugar al fútbol...se calza una remera roja.
Emma lo mira y le sonríe con ruido...él cree que es por las morisquetas.
¡ Pamm !Se cierra la puerta grande. ¡ Pummm !. Se cierra la puerta chica.
Vuelve a la pantalla del televisor buscando al grandísimo perro rojo.
Es que en la blanca cara de Emma hay dos mejillas de fresa.
Marta Mazzilli-mayo de 2006
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