Sucedió en la Nochebuena del año 1980
Estábamos pasando la Nochebuena en casa de mis papás….a unas siete cuadras de la mía en ese entonces.
Mi papá era un enamorado de la navidad…podía quedarse horas mirando como se prendían y apagaban las luces del arbolito. Nunca la había celebrado en casa propia hasta que se casó con mi mamá. Es que, siendo huérfano desde muy chico, sus tías tutoras, no festejaban porque un hijo había fallecido alrededor de esos días del año que se repite, como se repiten las tristezas por los duelos.
Cuando ya fue un muchacho iba a las casas de sus amigos a compartir esas noches y a contagiarse de la magia prestada por un rato.
Sí. Mi papá era un enamorado de la navidad, de mi mamá, de la familia que logró, de los cafés, de las charlas, de las cosas simples, de las rutinas, de los abrazos, de los besos, de los regalos, de las cajas de música. Mi papá era un agradecido a su vida, que se inició adversa y se fue desarrollando exitosa y complaciente.
Y estábamos en esto de la Nochebuena del 80, con mis hijos: Guadalupe de tres años y Estanislao, bebé. Y ya habíamos comido…y, en el jardín esperábamos las doce entre sonidos esporádicos de pirotecnia y una nena que preguntaba incansable por la llegada de Papá Noel.
Papá se levantó y le dijo a Guada que lo acompañara al living que iban a llamar por teléfono a este señor que tardaba tanto.
Los seguimos. Todos los seguimos. Papá marcó cualquier número girando el disco del aparato y del otro lado contestó Papá Noel.
La secuencia se desarrolló algo parecido a esto:-¿hablo con Papá Noel?...ahá…es que acá…en Monte Grande…en la calle Sarmiento, hay una nena ( y Guada miraba con ojos inmensos al abuelo) que pidió una patineta y, mire…está nerviosa….ahá…que ya está por estacionar el trineo en Sarmiento???...ahá…sí…cómo no….
La cosa se extendía más de lo normal para un simulacro, también nosotros ( mamá, mi hermano, mi marido…yo ) empezamos a ver con raros ojos a papá que suponíamos hablaba a través de las bebidas espirituosas.
-Vení Guadita…contale a Papá Noel qué le pediste.
Y le puso el auricular en la oreja . Guadalupe detalló cada solicitud y ratificó que debía esperar en el jardín apenas cinco minutos porque ya andaba por Monte Grande, pero del otro lado de la vía.
Le mandó un beso al misterioso personaje y dejó el teléfono en manos del abuelo. Mi esposo se la llevó al jardín para aguardar los últimos instantes.
Papá agradecía y le agradecían . ¿Qué había pasado?...¿con quién hablaron?.
En la marcada azarosa se comunicó con la guardia de la empresa telefónica…un pobre empleado al que le tocó trabajar el veinticuatro enterito y, al recibir un llamado que no tenía nada que ver con quejas ni reparaciones…que lo convertía en duende así porque sí…le siguió el juego y, al darme el teléfono para que compartiera el asombro,me dijo que le habíamos cambiado su navidad…que jamás se olvidaría de que, para una nena, fue Papá Noel de verdad.
Se abrieron los paquetes…se brindó y nos fuimos a casa. Bajábamos del auto y saltaba la verja de los vecinos de al lado un rojo Papá Noel que huía a cambiarse en la casa lindera después de sorprender a los sobrinos y regresar al festejo antes de que notaran su ausencia.
-Mamá!!! …Papá Noel !!! el que me habló por teléfono!!!.
-y sí, Guadalupe…debe estar agotado…ahora sigue por la avenida…
Pasaron muchos años…muchos para lo que significa la niñez.
Guada desafiaba con argumentos inflexibles al que le quisiera explicar que Papá Noel ….
Marta Mazzilli
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