Emma (o la primera vez que te extraño)
Antes de que llegara el otoño, Tata y yo fuimos al mar, pero, entonces eras una sola piel con tu mamá y casi no sabías de mi.
En este enero, en este viaje largo, a tantas cuadras de tu casa nueva, Emma: te extraño.
Por eso creo que nunca te desprendiste de mi mano y decidí incluirte en cada espacio recorrido.
Jugaste con las piedras que bordean los lagos y me desafiaste queriendo comerlas.
Dejaste que flotaran las hojas en el agua quieta y tuve miedo por tu caminar arriesgado para mojarte y chapotear en eso de ser gaviota por un ratito.
Trepaste a upa de tu tata y me miraste asombrada, desde lo alto, por el sol, por el canto raro de algunos pájaros que para mi también son raros.
Subiste y bajaste mil peldaños, sentada, en cuclillas, para atrás.
Probaste sabores de color rojo y te pintaste entera de arándano y frambuesa.
Otro día te regalé flores.
Alguna tarde te conté un cuento de bosques y duendes, un cuento de seis palabras…para que no te aburras.
Algo como “¿Dónde está Emma?...¡en el bosque!”
o…”Un hada le regaló sus alas y Emma sonrió”(este tuvo nueve pero no se notó).
Después de varias noches viajaste al mar y con tus caracolas tejimos un collar rosado que parece abanico y hace ruidos de sal.
¿Sabés Emma?, los Reyes te dejaron el regalo en una casa encantada que no se ve desde el piso. En una casita desbordante de rosas…entre coíhues. Los Reyes pensaron en los fríos, y en las nieves y en los vientos que tanto te gustan ¡Y fue así ! un hada gorda y rubia llamada Alicia armó una rueca, deshiló, luego construyó un telar pequeño y, obedeciendo la orden de los Magos: tejió para vos un chaleco con muñecos de nieve y un gorro que dice:”Prohibido sacárselo en tardes de invierno”.
Emma…en este enero fuiste dos nenas, una que se quedó con sus papás a explorar la casa nueva, a bañarse en la pileta cada día caluroso, a comer solita, a festejar el cumpleaños de mamá, a recibir besos y mimos y más besos…y otra, la que viajó al sur con Tata Y Abi.
A veces, en el asiento trasero del auto.
A veces, acurrucada.
A veces, amarrada a mi cuello.
Siempre, en nuestros ojos y en nuestro corazón.
Marta Mazzilli enero de 2007
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