Hacia el lugar del tiempo
Sé que aún existe,
que aún se puede hallar
el espacio del reposo y la templanza.
En el verde alejado
en el silencio
entre las chispas del abrigo
en los afectos amarrados a la piel.
El pasaje de los días
ha de ser más suave,
más lento el caminar
y arrullador el ocaso.
Sé que hay un rincón
donde el mundo detiene el avatar
donde el cuento es escuchado
y la memoria…brilla única en el haber de cada pueblo.
Donde la paz no es letargo
sino inconciencia de la angustia,
donde se crece por compartir las horas
los deseos.
Lo imagino refugio de recuerdos
cuna acurrucante del futuro sin prisa,
nebulosa invitada a envolver los oscuros
y amanecer de viento para limpiar la vista.
Lugar sin deterioro,
repisas con objetos consignantes,
niños con niñez y adultos grandes
jóvenes que irradian
y ancianos llevadores de palabras.
Allí, el poema junto a los espejos
que jamás negarían el presente,
plenos de no llorar ausentes,
henchidos del ayer por saber ser mañana.
Sé que existe el lugar elegido
para llegar entre las hojas de plátanos caídas
o en incipiente primavera,
para reposar las manos y las sienes,
para florecer la ansiedad de crear vida.
Me dirijo,
no sé cuanto demora la aventura
de hacer de cada marca
diluyente seriación de pasos.
El infinito rodea sin relojes
al hecho que la historia guardará en la palabra.
Sé que aún existe el abismo entre el grito y el principio.
Hacia allá me dirijo.
Marta Mazzilli ( 1991) |