Y Alicia (Perlitas), entró a la milonga y así lo vió:
Gastados los zapatos de charol
de tanto zigzagueo enamorado,
observando de rabo hacia un costado
el corte de un compadre sobrador.
Enfundado en su traje ya lustroso,
cabello a la gomina, acicalado,
cabecea a su percanta preferida
compañera de retazos de ilusión,
y pretende ser el centro de la acción.
El ritmo los envuelve en su vaivén,
se olvida del entorno el bailarín,
entorna sus ojos al compás
y dúctil marioneta con estilo,
sueña en el centro del salón.
Eliza ( de cara al viento ) lo observó de esta manera:
Tiene algo de duende el oscuro genio ignorado… Un sueño de luces, imposible y loco, con un corsódromo y la televisión, sueña el melancólico bailarín, bajo el algarrobo centenario … Con reflejos de luna sobre el rocío, y un ladrido de perros lejanos cada noche, allá en el barrio pobre, las manos febriles, de morenos comparseros baten los tambores, delicadas bailarinas, dan la vida sobre el patio de tierra. Y en cada ensayo dejan la vida, alentados por el gran bailarín: tan sólo por una gloriosa noche, de corsos con entrada gratis… entre plumas y lentejuelas, con sabor a desencanto.
Alicia (Perlitas) volvió a entrar en el recinto y juzgó:
Es una marioneta con estilo
girando en el centro del salón,
y danza sobre nubes de algodón,
aferrado sus pies a su destino,
melancólico y casi fanfarrón,
bien sabe que talla, en su emoción,
le oprime de nostalgia el corazón,
en ecos de un lejano bandoneón.
Es una marioneta con estilo,
soñando en el centro del salón.
Eva ( la mujer descalza ) reflexiona de esta manera:
Cuando golpea el bandoneón la angustia vuelve a su lugar,
y le carcome el pecho hasta el dolor,
como un hechizo cruel, la sangre ,
un remolino de placer,
y ya no puede más,
se escapa sin dudar,
cruzando el patio en sombras,
buscándose en la bruma,
a solas baila un tango,
el último quizás.
Y en medio del silencio, de lunas y de abriles,
solloza la figura, del ciego bailarín.
Alicia (de atardeceres rosados) contempló de esta forma:
Se escuchan los compases del "Ultimo organito",
las luces encendidas, del patio de arrabal.
Las mesas bien servidas, manteles hasta el suelo,
que a cuadros blanco y negro parece de cristal.
Mujeres empolvadas, con faldas ajustadas,
peinados los cabellos con flores de carmín.
Aguardan sus miradas un gesto de soslayo
del viejo bailarín.
Al son del 2 x4, la noche ya comienza,
relucen los zapatos, el fungie acomodado,
buscando a la cintura que espera su ceñir.
¡Gracias a todas!...estuvo buenísima. ¡Qué se repita! |